Hogar dulce hogar

21 diciembre, 2010

Para ello bajamos al primer piso, mi padre me llevo hasta la sala del Comandante Kraze. Y una vez llegado a ella, mi padre me deseo suerte y me espero en el pasillo mientras me presentaba.

Entre bastante tranquilo, vi a un hombre con el pelo negro hacia atrás y un pequeño tupe. Tenía una expresión facial como si estuviese cabreado, aunque sus finos bigotes y su perilla me resultaban simpáticos.

Bueno, vestía de una manera que también me resultaba graciosa, pero nunca me reí de él. Llevaba una camisa y pantalón rojos por debajo de un chaleco largo púrpura con un par de finas franjas amarillas. Y unos guantes y botas de piel negras.

Me pregunto mi nombre y en cuanto se lo dije, supo que mi padre era el gran Teo McDhol y me dejo bien claro que no recibiría ningún trato especial por ello. Me mando a casa y exigió que al día siguiente me presentara a primera hora de la mañana. Yo le entendí, pero sigo pensando que fue brusco.

Al salir de la presentación ante mi superior mi padre pregunto que si había ido bien, tras decirle que si, él me confeso que estaba sorprendido por la tarea tan “baja” que me habían asignado y que era hora de volver a casa.

Dicho lo cual, salimos por la puerta principal del castillo. Cruzamos el jardín imperial, totalmente hermoso con plantas y fuentes. Y pasamos el puente hacia Gregminster.

Gregminster, la gran ciudad capital del imperio. Parecía triste porque el suelo era piedra gris, las paredes de las casas también eran de ese color, es más, los tejados eran de tejas grises aunque fuesen más oscuras. Pero había varios arbustos y bancos que decoraban la ciudad. Aunque lo más bonito era una estatua de oro de un ángel con un cántaro que echaba agua, formando una preciosa fuente.

Bueno, también había una mansión rodeada de arbustos y rosas. Con enredaderas que trepaban por sus grises paredes y por su tejado, el único de un color anaranjado de toda la ciudad. Era la casa de Milich, uno de los grandes generales del imperio.

Las calles estaban llenas de gente, pero la estatua-fuente y la mansión de Milich nunca se me olvidaran. Aquella mansión tenía una planta, llena solo de armarios con ropa. No se si ahora seguirá todo igual.

Nada que ver con la de mi padre, el lugar donde fuimos nada mas llegar a Gregminster. Era muy grande, pero vivíamos seis personas allí. Ted, Cleo, Pahn, Gremio, mi padre Teo y yo.

Nada mas entrar por la puerta, Gremio vino a recibirnos. A envejecido un poco pero sigue siendo alto, delgado, rubio de pelo largo y con cara de buena persona a pesar de la cicatriz en forma de “x” en su mejilla izquierda. Sigue con sus botas y pantalones azules oscuros, su camiseta de manga larga azul claro y su capa verde.

Me pregunto que como me había ido, si estuve nervioso y confeso que estaba preocupado. El siempre a sido muy protector conmigo, así que ya era algo normal.

Lo mejor fue cuando mi padre le saludo y Gremio reconoció no haberse dado cuenta de que mi padre llego conmigo. Le pidió perdón y mi padre empezó a reír restándole importancia a lo ocurrido. Y de repente Gremio salio corriendo mientras gritaba “¡Dios mío! ¡El estofado!”. Mi padre en ese momento estallo a carcajadas y recuerdo que se fue a la calle a dar un paseo a ver si se le pasaba.

Una vez solo, decidí ir a las habitaciones de los demás. Me gustaba gastarles bromas, aunque Cleo se enfadaba muchísimo y a veces daba miedo. Ahora ya soy incapaz de bromear, no tengo ánimos para hacerlo.

Justo enfrente estaba la habitación de Pahn. Pero estaba durmiendo como de costumbre y decidí dejarle tranquilo. Gire a la izquierda y habían dos habitaciones, la de Cleo a la derecha y la de Ted a la izquierda. Entre en la de Ted, pero no estaba. Estaba poniendo la mesa.

Así que con un poco de miedo, fui a la habitación de Cleo. Era una chica de pelo corto rubio y unos ojazos azules impresionantes. Realmente era preciosa, parecía un ángel.

Y físicamente era una mujer capaz de volver loco a cualquiera, parecía perfecta. Su diadema rosa y sus botas y pantalones ajustados del mismo color, le quedaban muy bien. Aunque su camiseta marrón de manga larga le quedaba un poco pequeña, algo normal debido a sus medidas. Pero lo que mas me gustaba eran sus hombreras, pechera, rodilleras y espinilleras de metal a modo de semi-armadura. Le daban un toque muy de guerrera. Y en verdad lo era, lucho junto a mi padre. Era muy fuerte y su estilo era muy similar al de un ninja, pues sus armas eran unas dagas afiladísimas que lanzaba al enemigo. Que con la puntería que tenia Cleo eran mortales.

Nada mas entrar, corrió hacia la puerta y no me pego porque no quiso. Porque cabreada ya estaba, solo había que ver como su cara angelical se transformo en un segundo en la de un demonio.

Estaba enfadada, pero por dentro yo no podía parar de reírme. Ella respiro, miro al suelo y con los puños cerrados me dijo “se llama a la puerta antes de entrar a la habitación de una dama”.Yo con las mismas, me fui sin decir nada y al cerrar la puerta, una daga atravesó dicha puerta quedándose clavada en la de la habitación de Ted que quedaba justo enfrente.

Volví y le dije “has caído”, entonces se dio cuenta de que había caído en la broma de siempre, se rió y dijo “te perdonare, por esta vez”.Lo que siempre decía.

Cleo, cuanto genio tenias. Pero que buena eras conmigo, siempre te agradeceré que me apoyases tanto. Te echo de menos.

Tras aquello se me ocurrió despertar a Pahn. Un grandísimo guerrero que lucho contra mi padre y que desde que perdió la batalla le juro lealtad a Teo.

Era alto, tenia uno de los cuerpos mas musculazos que he visto en la vida, tenía el pelo corto de color negro y parecía tener un semblante serio. Pero nada estaba mas lejos de la realidad, es solo que su cara era así. Solía estar de broma casi siempre y es mas, solo pensaba en comer, dormir y pelear. Vamos, que su cara no era el reflejo de su alma.

Y vestía de lo más normal entre los maestros de artes marciales. Usaba unas sandalias negras que descubran sus dedos, unos pantalones holgados de color negro y que eran especiales para su modalidad de combate, un chaleco rojo que debido a sus músculos le quedaba muy ajustado, un cinturón y una cinta para la cabeza también rojos y unos guantes negros de los que salían unas protecciones para los antebrazos de color rojo.

En definitiva, un hombre que podía matarme de un guantazo. Pero era algo pasota, aunque mejor dicho. Le daba igual pues se acabaría saliendo con la suya.

Aquel día, no fue diferente. Entre a su habitación y estaba roncando. Bueno, esos ronquidos parecían el sonido que emite un jabalí cuando esta a la defensiva.

Decidí asustarlo pegándole un empujón. Ni se inmuto, me dijo “estaba esperando la cena y me quede dormido”.Y con las mismas se dio la vuelta y siguió durmiendo. La verdad es que era algo frustrante, pero me divertía mucho ver que era capaz de dormirse en un minuto. Hasta la cama tenia ya su silueta marcada de tanto que dormía.

La siguiente victima fue Gremio, que estaba en la cocina preparando el estofado para la cena. Me acerque sigilosamente por su espalda y le hice cosquillas. Empezó a reírse al mismo tiempo que pedía que parase. Como a cambiado todo, aunque no se lo diga nunca a él. Pero algún día espero conseguir poder pedirle perdón por no haber vuelto a ser el que era.

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2 comentarios to “Hogar dulce hogar”

  1. Chiisa said

    Gregminster siempre me ha gustado.

    Jajajajaja
    qué buena la escena con Cleo xDDDDDDD
    Me encantaba, siempre me la cogía.

    Con Phan no simpaticé tanto, pero me era muy útil también. :3 (es una especie de goku suikonero xD)

    Y Gremio, aunque a mucha gente no le guste y le parezca un soso y aburrido (hasta dicen que es gay y va tras Tir XD…) a mí me encanta, tanto por caracter como por esa dedicación que tiene; es un solete. :3

    Me gusta que hagas tantas descripciones.^^
    Son claras y no se hacen tediosas. :3

  2. Gregminster, una ciudad (o poblado) tan hermosa, pero a la vez tan misteriosa. En suikoden II le dan más color, eso la hace aun mas linda.

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